Tengo hoy en el animo,
un boton de cera
y un lapiz en la boca,
la sensacion de tener el corazon a punto de explotar
en un mundo de ruidos y maldiciones
junto a la luna loca
de la sonrisa justa y las buenas intenciones.
Tengo hoy en el animo,
en la noche rara,
en el alma extranjera,
una radio sonando con sus deseos,
un equilibrio en espera,
miles de ondas llegando almismo tiempo,
perdiendose en el universo de las ideas.
Tengo hoy en el animo un Berlin azul,
un lugar de ruido y otro de silencio,
la esperanza de que lo lograremos algun dia
y la certeza de que nos estamos yendo,
por el camino de la locura,
que jamas ha sido tan cuerdo,
cayendo dentro de un hueco en la luna,
saltando de dimension en dimension,
a donde se vea una tenue luz,
o se escuche un canto de victoria;
por donde pase un cometa,
que queme toda la historia con su estela.
Mi cerebro desaparecio,
esparcido, tamizado
entre un terremoto y la gloria,
hoy no tenia ni piernas ni cabeza,
ni tristeza, ni alegria,
ni idioma, ni telepatia,
era una matriuska de poesia
sin poder hablar de cosas,
que se sienten en el momento de la vida,
porque siempre se habla de cosas muertas
nutridas con un tipo de hipocresia.
Tenemos el estado de la recuperacion del castigo
es como una enfermedad que es buena,
o simplemente un anhelo funcional,
una fantasia que se esfuma, que vuela.
Tenemos la capacidad para cambiar el cuento
pero seguimos el programa: quemarse en la escuela,
y la vida,
segun como se la mire,
o mas bien, segun como se la sienta,
a veces refresca en un sitio,
donde en otro calienta.
Aqui, en el Berlin azul de las lluvias,
me encuentro con un paraiso de esperanzas
encapsulado en escuelas verdes,
tan contradictorio como el programa.
Mirar al fondo es descubrir la paranoia de frente,
mirar al fondo es ver el tiempo perdido,
en las manos de una vida fluorescente;
mirar al fondo es perderse en lo infinito de lo finito,
y asegurar el olvido de las eternas praderas,
mi mente conetcada y sobresaturada,
mi mente viajaba en un submarino
y abrio la escotilla bajo el agua,
el cuerpo se separo del tiempo,
y aqui estoy, asustado, abrumado
y a la vez simetrico y tranquilo.
La onda azul del invierno
se lleva la amargura e invita al silencio,
invita a la locura,
que rompe con la leyenda, sin ternura,
casi me caigo, me rompo frente al muro,
empujado con la fuerza del viento,
escuchando las voces, sintiendo los lamentos,
cuantas horas de hambre
cuantas jornadas sin sueno
cuantas razones habremos preferido,
para dejar de mirar el firmamento.
Tengo aun elmuro en la barriga,
sumergido en las olas del silencio,
tras este Berlin azul, maestro del tiempo,
consegui un refugio lejano,
una tienda magica de antiguedades,
cuadrada por fuera y redonda por dentro,
separandome de la mision abrumadora,
para recuperarme un momento,
para recordar aunque suene contradictorio,
dormido en una membrana isobarica,
olvidar para siempre lo normal, que es violento.
jueves, 18 de noviembre de 2010
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