domingo, 24 de octubre de 2010

Al infinito

Me remodeló el infinito
con tintas de luz y firmamento
contando estrellas con lunas
pasando las manos por el tiempo de su aliento,
me remodeló el infinito,
y mezcló las acuarelas en el viento,
un sol en degradé hasta los ojos,
un espejo reflejando lo lejos.

Recorto mi vida a dos pasos,
fuera de la historia de metal cromado.

Ahi, afuera, donde el hermano muere buscando
desnudo entre la oscuridad
caminando descalzo y desamparado,
con el frio en la mochila
y el miedo en las manos;
ahí, fuera del cuento metalizado
volvemos la cabeza
y vemos un mundo incendiado,
quedando regadas las experiencias,
desapareciendo poco a poco, a lo ancho,
esparcidas en las riberas de los sueños,
entre dos sendas hogueras:
las de la pasion y el deseo.

Paraiso entre primaveras,
y uno como calado en el tiempo
Entre minutos y princesas,
nadando por los siglos de los siglos,
por los manglares, la épocas
y los recursos, y las ideas.

Y en el mismo momento del grito
cuando explota la paciencia
supero como un disparo mi vida
rompo el sonido y caigo a lo lejos
en las manos de un arbol antiguo
en las barbas del trueno
en el eco de los pasos en la hierba,
en el lienzo de sus ojos,
enterrado eternamente en la niebla.

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